Una Menta perdura más que el Almuerzo: Cómo perdimos a un Cliente Excelente y lo que Aprendimos
- 29 ene
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Hace algunos años, en MET Ingeniería, teníamos el tipo de cliente que todo emprendedor sueña: puntual, transparente, confiado. El proceso era impecable: cotización, orden de compra, servicio, informe, factura, pago. Un ciclo de confianza perfecto que duró años, hasta que un pequeño —y aparentemente positivo— detalle lo rompió todo.
Nos presentamos a un nuevo servicio. Con el entusiasmo que da la inexperiencia, comprometimos un plazo específico para su ejecución. Nos pusimos manos a la obra y, gracias a un análisis técnico eficiente y al esfuerzo del equipo, concluimos el trabajo 2 días antes de lo prometido.
Para nosotros, era una victoria. Habíamos superado las expectativas de tiempo. Para nuestro cliente, fue una señal de alarma.
La lógica de nuestro cliente era impecable desde su perspectiva: "Si en su propuesta presupuestaron 10 días y entregaron en 8, ¿me están cobrando por trabajo no realizado?". Aunque desde lo técnico el servicio estaba completo y correcto, desde la percepción de valor había una brecha. Intentamos explicar, argumentar con datos y metodologías, pero el daño estaba hecho. La confianza, ese intangible que habíamos construido con tanto cuidado, se resquebrajó. Perdimos a un cliente excelente no por hacer mal el trabajo, sino por no entender cómo se percibe el valor.
No sirve de nada llorar sobre la leche derramada. Hoy, tras analizar la situación con humildad y asumir nuestra parte de responsabilidad, la conclusión es clara: lo ganador hubiera sido usar esos dos días "extra" para agregar valor. Un análisis complementario de los datos, un informe ejecutivo adicional, una capacitación breve para su equipo. Cualquier gesto que transformara esos días ahorrados en un "extra" tangible para el cliente.
Esta lección nos conecta con una verdad simple que experimentamos todos: cuando vamos a un restaurante, a menudo lo que más recordamos no es el plato principal (que esperábamos fuera bueno), sino la menta, el café o el licor de cortesía que nos ofrecieron al final sin que lo pidiéramos. Ese pequeño gesto inesperado, que va más allá de lo transaccional, es el que cierra la experiencia con una sonrisa y nos hace querer volver.
En los negocios, el principio es el mismo. La lealtad no se gana solo cumpliendo con lo pactado; se construye superando la promesa de manera perceptible. Si prometiste 100, entrega 110. Si te comprometiste con 10 días, y puedes en 8, usa ese margen para dar algo más. Puede implicar un sobrecosto momentáneo o dejar de ganar un poco más, pero el retorno en confianza, fidelización y reputación es incalculable.

En MET Ingeniería, aprendimos que nuestra responsabilidad no termina en la entrega técnica. Termina en la percepción de valor total del cliente. Ahora, en cada proyecto, nos preguntamos no solo "¿cumpliremos con lo prometido?", sino "¿qué 'menta' podemos ofrecer para que esta experiencia sea memorable y sobresaliente?".
Porque al final, en un mercado competitivo, lo que te diferencia no es hacer bien tu trabajo, sino hacer que el cliente sienta que va mucho más allá de lo que pagó.




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